
Alphonse Bertillon (París, 1853 – Münsterlingen,1914) fue contratado en la Jefatura de Policía francesa en el año 1877 como “chupatintas”. Pero no se quedó ahí. Ese incipiente policía hijo de médico y antropólogo llegaría a oficial implementando nuevas técnicas de investigación. Sus nuevos métodos -la antropometría y la fotografía métrica-, que de hecho consistían en aplicar las técnicas antropológicas de su padre al campo delictivo, fueron los culpables del nacimiento de lo que hoy convenimos en llamar policía científica. Sin Bertillon nunca hubiera existido la serie de televisión CSI.
Como cuenta Rodrigo Fresán en el prólogo de la primera entrega de una trilogía al respecto, Los hombres de paja, de Michael Marshall, hubo una vez un policía del FBI llamado John Douglas que llegó a pensar como un asesino en serie. El tal Douglas, en su Mind Hunter: Inside the FBI’s Serial Crime Unit, cuenta sus experiencias como creador y jefe de la fuerza de elite del FBI conocida como Investigative Support Unit, dedicada a un estudio si más no inquietante: la comprensión y el entendimiento de la nueva raza delictiva conocida con el nombre de asesino en serie. La comprensión del mal habita en una parte del bien inestable, no se puede percibir de un modo racional. Ahí es donde John Douglas entró en escena. Años y años intentando reconstruir los síntomas psicológicos de esos seres terribles, estigmatizados y tantas veces representados en la gran -y la pequeña- pantalla.
La ciencia aliada con el sentido común. Bertillon. Douglas. CSI. Aguas profundas de mares remotos.










