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P podría ser para el psicoanálisis, sin más: muchas de las novelas que publicamos tienen en cierto sentido un trasfondo psicoanalítico, y al fin y al cabo no descubrimos nada si decimos que la novela policial es una especie de psicoanálisis literario de ciertos síntomas de la sociedad en la que vivimos. Ross MacDonald aceptaría el guante, y la mayoría de escritores publicados en Roja y Negra, en mayor o menor medida, suscribirían esta teoría (psicoanalítica).

Pero, quizás justamente de forma sintomática, ambientada ni más ni menos que en el subcsonciente de la metrópolis -¿qué sino podríamos considerar que son los bajos fondos, literalmente, lo que hay bajo tierra, de las grandes metrópolis? y, en tal caso, parece que casi todas las metrópolis, realmente, tendrían un inconsciente algo desviado y bastante lleno de mierda…-, la p da nombre a un nombre propio, una divisa, una promesa. Sí, se trata de la última estación de la Linea 6 del metro de Nueva York: Pelham. Pelham Bay Park. Ésa es la estación, y Pelham Uno Dos Tres -The Taking of Pelham Onw Two Three- el título de la maravillosa novela que, en el año 1973, escribió John Godey, el nombre de batalla con el que un aparentemente más serio Morton Freedgodd firmaba sus novelas pulp y que, al final, acabó vampirizando, secuestrando, literal y literalmente, al Freedgood que se las daba de serio.

Pelham Uno Dos Tres -ésa era la hora, 1:23, a la que el convoy llegaba a la estación de Pelham si todo había ido según lo previsto, aunque a partir de la novela de Godey tuvieron que cambiar los horarios por si acaso- es una jam session bajo tierra, un thriller acertadísimo, durante la lectura de la cual uno se siente rehén, policía, secuestrador y operario del metro, sucesivamente.

Perfectamente leíble en el metro, levantando la mirada de vez en cuando y escrutando a sus compañeros de vagón…

 
 
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