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“Es posible que los ingleses no sean siempre los mejores escritores del mundo, pero son sin comparación posible los mejores escritores aburridos del mundo”, dijo Chandler en su ensayo El simple arte de matar. Hasta el mismísimo Chandler se habría comido sus propias palabras -sin ánimo de profanar templos- si hubiera tenido ocasión de leer alguna de las novelas de Jake Arnott, si hubiera podido coincidir en el tiempo con él y su Long Firm Trilogy.

Los libros de Jake Arnott bien podrían ser esa síntesis: del jarrón veneciano en la tradicional novela policial británica, estilete en el cottage, al crimen en el callejón -via Hammett- del East End londinense: hete ahí a los clubbers de Londres, a los camellos de los bajos fondos, los dj’s en decadencia… Los delincuentes de poca monta, los gángsters y los aristócratas, en definitiva, entramados en una misma red.

Ronnie Kray (1933-1995), mitad más peligrosa de los peligrosos y célebres y glamurosos Gemelos Kray, es el personaje real que le sirve a Arnott para efectuar en su Delitos a largo plazo el retrato robot a partir de cinco capítulos-declaraciones con voz propia. Un mosaico novelesco que mezcla airosamente la crónica criminal con el mundo pop del que se nutre.

“Hammett escribió al principio (y casi hasta el final) para gente con una actitud agresiva y fuerte ante la vida. No tenían miedo del lado sórdido de las cosas; vivían allí. La violencia no les molestaba; estaba en su propia calle. Hammett devolvió el asesinato al tipo de gente que lo comete por algún motivo, no simplemente para proporcionar un cadáver; y que usan los medios qunne tienen a mano, no pistolas de duelo cinceladas, curare o peces tropicales. Puso a estas personas sobre el papel tal como eran, y les hizo hablar y pensar en el lenguaje que solían usar en esas situaciones.”

Arnott también. No hacen falta, de hecho, las palabras de Chandler. The Long Firm Trilogy, la tercera parte de la cual -truecrime, Crímenes de película- estará en manos del lector en algún momento del año venidero, son pura dinamita. Conviene no olvidar a Arnott. Es un orgullo tenerlo en el catálogo de Roja y Negra. Y es uno de los grandes.

 
 
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