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El reputado antropólogo francés Marc Augé, en su libro El metro revisitado. El viajero subterráneo veinte años después, dice: “El metro une punto algébricos, lugares y seres. [···] El metro es un río que nunca se agota. No obstante, aunque no nos bañamos nunca dos veces en el mismo río, tomamos siempre el mismo metro; está dando vueltas, va y viene. Es una circulación sanguínea, un latido de corazón, un símbolo de vida al que se agarran aquellos que todavía tienen la fuerza de vender un periódico, de tocar una pieza de música, de tararear una canción o de proclamar su miseria.”

 Así pareció entenderlo John Godey cuando escribió, en el año 1973, su genial Peham uno dos tres. Cuatro hombres con motivos dispares y convicciones distintas dan el golpe en una de las líneas más concurridas del servicio metropolitano de Nueva York: secuestran un vagón del metro con dieciocho rehenes y exigen un millón de dólares a las autoridades, antes de disponerse a eliminarlos uno a uno. La cuenta atrás ha empezado. Pelham uno, dos, tres. Una novela-colmena, coral, escrita -omniscientemente- a partir de las voces de consciencia de los personajes, e incluso de la ciudad de Nueva York en sí misma. Los cuatro atracadores (que en la película del año 1974 de Joseph Sargent, por cierto, llevan apodos cromáticos, el frío y calculador Mr. Blue, el Mr. Green, Mr. Grey y Mr. Brown, como en la primera gran producción de Quentin Tarantino, Reservoir Dogs, por otra parte, en la que los personajes llevan también nombres de colores: así Steve Buscemi es Mr. Pink, la aparición de Tarantino responde al personaje de Mr. Brown, o el en vida real escritor de novela policíaca Edward Bunker es Mr. Blue) dan instrucciones al jefe de servicio metropolitano, que a su tiempo habla con la policía metropolitana, que a su vez se comunica con la jefatura de policía. Y el alcalde con gripe en la cama…

 La circulación sanguínea a la que apela Marc Augé es esa constante vía de comunicación entre los funcionarios del metro y la policía. Y el símbolo de vida está perfectamente encarnado en las dos versiones cinematográficas de la novela: el sarcástico y resolutivo Walter Matthau, en la de Joseph Sargent del 1974 y el más visiblemente atormentado Denzel Washington, en la de Tony Scott del año 2008. 

 Bienvenidos a la línea 6 del metro de Nueva Yotk. Bajen las escaleras como lo hace Mr. Green al principio de la película de Sargent. Buen trayecto. La cuenta atrás ha empezado.

 
 
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