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Los cárteles del narcotráfico son una espada de Damocles para los habitantes de según qué zonas de los países latinoamericanos. Y a pesar de que durante la década de los ochenta fue Colombia el país que desarrolló la mayor red de narcotráfico de cocaína, con Pablo Escobar como máximo exponente de la capacidad exportadora ilegal del país, en los noventa se entramó una red en México a través de la cual la droga pasaba a Estados Unidos. Se trata de lo que Don Winslow, en su genial retablo épico y coral El poder del perro llama El Trampolín Mexicano: “cocaína que salta desde Medellín a Honduras, desde Honduras a México, desde México a Estados Unidos”.

Se ha ido desarrollando poco a poco, en los últimos años, como la consciencia de alcance global acerca del conflicto, una literatura del narcotráfico: novelas que describen el horror de los cárteles, la brutalidad y la tensión con la que se vive el trágico contexto. Desde el lirismo de Fernando Vallejo y La Virgen de los Sicarios, con la voz cantante de Alexis, el Ángel Exterminador, hasta las recientes muestras de Carlos Fuentes y su Adán en Edén, o Elmer Mendoza y Balas de plata, pasando por la prosa casi periodística de Gabriel García Márquez y su Noticia de un secuestro, varios autores han tratado de describir esa tragedia incandescendete, sea en la zona que sea.

Don Winslow (1953, investigador privado, guía de safaris y repartidor de alimentos antes de dedicarse en cuerpo y alma a la escritura) puebla México y la costa californiana de cementerios, tiroteos, amenazas, soplones misteriosos, atardeceres sangrientos, gomeros, campesinos corruptos, dinero sucio… y el antihéroe de todo esto, Art Keller, angustiado guardián de la justicia, tratando de reconducir su vida, en búsqueda de la verdad y en medio de esa compleja trama. 

Sirva como banda sonora, para empezar, esta “Slippin’ into darkness”, de los War, la letra de la cual hace de frontispico, alternado con los fragmentos oportunos del Paraíso perdido de John Milton, o algún que otro fragmento bíblico,  para uno de los quince capítulos -más prólogo y epílogo-, distribuidos en cinco partes, de este inventario detallado del infierno.

 
 
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