
Homenaje y variación, western contemporáneo -cambiamos caballos por cadillacs-, estamos ante un libro gozoso como pocos. Diversión asegurada, audacia literaria en estado puro, auténtico dominio de los diálogos -ni una sola interlocución cae en el tópico, o si cae en él lo reinventa, lo explora, lo hace brillar-, el libro de Denis Johnson Que nadie se mueva, la novela que tenemos el honor de publicar en Roja y Negra, no puede defraduar. Denis Johnson, de hecho, es un escrito de hondo calado. El lector en lengua castellana estará familiarizado con su capacidad para retratar el alma de los perdedores de la América profunda, como en Ángeles derrotados, y si ha tenido la paciencia que hay que tener, sabrá de su dominio por la técnica Rashomon -disculpen que nos pongams ínclitos un momentito-, ya presente en Árbol de humo, en la que a partir de varios personajes del pasado y del presente -y del futuro- de la guerra de Vietnam, el lector enloquece con los protagonistas a un ritmo trepidante. 
Si a esa capacidad para retratar lo deprimente y ahondar en lo sórdido le añadimos unos diálogos rutilantes, cargados de humor truculento, y escenas de violencia descritas con precisión y minuciosidad difíciles de igualar, tenemos esta maravilla. Puede que sea una novela de serie B, una pulp fiction que Denis Johnson ha escrito, seguramente, para desquitarse de su esfuerzo ecuménico tras Árbol de humo. Pero ya aprendimos con Tarantino que la pulp fiction puede ser también olímpica. Estamos ante una obra maestra de la serie B. Sin lugar a dudas.
En las llanuras del valle central de California, a ritmo de motel, de mudanza y despedida constantes -¿qué sino la promesa de un mundo mejor, la promesa del amor posible es sino la mudanza y el olvido incesante?- vamos asistiendo a los destinos entrelazados -entrelazados por dons millones de dólares, claro está, no podía ser otra cosa que dinero lo que uniera esas desdichadas vidas- de Jimmy Luntz y Anita Desilvera por una parte y Gambol y Mary por la otra.
Jimmy Luntz -un perdedor en toda regla, enganchado al juego hasta que su vida peligra por ello- está endeudado de mala manera. Anita Desilvera, preciosa y deseada ella, ha sido, en cierto modo, estafada por su propio marido. Así que, de hecho, también está endeudada. Gambol quiere recuperar lo que ha perdido, algo así como el honor de los matones, en el momento en el que Jimmy le ha disparado en una pierna sin rematarlo. Y Mary es una veterana ex enfermera de guerra que recibe dinero negro por cuidar de según qué heridos incómodos pero importantes para Juárez y el Hombre Alto, los cerebros de tanto despropósito. Véase Gambol en este caso.
Palpita en la Costa Oeste. Thriller a ritmo de cadillac. Balas mal disparadas, las escenas de violencia normalmente descritas de un modo bruto, con brocha gorda, literaturizadas hasta ser convertidas en epifanías, casi poemas en prosa. Los hermanos Coen harían maravillas con esta novela, sí.
Todo ello, adecuadamente traducido por Javier Calvo. Adelante. Pasen. Denis Johnson es un escritorazo. Y Que nadie se mueva es un prodigio de novela. La muerte es un río que fluye, dice Fresán en el prólogo. Que nadie se mueva también.
Y uno querría que nunca dejara de fluir.










